La coreógrafa y bailarina Jone San Martín Astigarraga ha convertido su experiencia personal con la pérdida auditiva en el eje de su nuevo proyecto escénico. La artista, que comenzó a utilizar audífonos a los 32 años, estreno el 7 y 8 de febrero en el Centro Danza Matadero de Madrid sORDA, una pieza autobiográfica que investiga la relación entre sordera, cuerpo y movimiento.
Más que un espectáculo silencioso, sORDA se construye como una conversación entre cuerpo y sonido. FOTO: Centro Danza Matadero
Danzar el silencio: Jone San Martín convierte su sordera en materia coreográfica
A punto de cumplir 60 años, San Martín plantea una propuesta que trasciende la danza convencional para explorar los límites de la comunicación física
A punto de cumplir 60 años, San Martín plantea una propuesta que trasciende la danza convencional para explorar los límites de la comunicación física. En escena, el cuerpo se convierte en territorio de escucha, resonancia y vibración, trasladando la percepción del sonido más allá del oído.
La obra parte de vivencias personales ligadas al aislamiento, la confusión y la sensación de silencio interior asociadas a la sordera. Ese contraste entre ausencia sonora y estímulos externos se transforma en material coreográfico a través del gesto, la respiración y el ritmo corporal.
Más que un espectáculo silencioso, sORDA se construye como una conversación entre cuerpo y sonido, apoyada por la música en directo de Manuel Escorihuela y Paola Álvarez, que generan un diálogo continuo con la danza. El resultado es una experiencia sensorial que reivindica la desincronía y la arritmia como territorios creativos.
La pieza también introduce elementos de lengua de signos y una dimensión poética y política que cuestiona la idea de normalidad, celebrando la diferencia y la diversidad funcional como parte del discurso artístico.
Con este proyecto, San Martín no solo visibiliza la sordera sobre el escenario, sino que propone nuevas formas de entender la escucha y la comunicación, ampliando el relato cultural en torno a la discapacidad auditiva y acercándolo al público general desde el lenguaje del movimiento.
sORDA se presenta así como una obra híbrida entre danza contemporánea y exploración sensorial, donde la fragilidad se convierte en potencia expresiva y el silencio, en materia escénica.
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