La pérdida auditiva entra en el mapa de factores de riesgo modificables de la demencia

Una tercera hipótesis plantea que la reducción de la información auditiva puede implicar una menor estimulación sensorial a lo largo del tiempo

IMAGEN: A.C. vía Unsplash

Por Audioaldia - 21/09/2026

La relación entre pérdida auditiva y deterioro cognitivo gana peso en la investigación científica. Coincidiendo con el Día Mundial del Alzheimer, Oticon ha puesto el foco en un vínculo que está adquiriendo una importancia creciente para la audiología: la pérdida auditiva figura entre los factores de riesgo modificables asociados a la demencia.

La cuestión exige, sin embargo, precisión. La pérdida auditiva no causa por sí misma la enfermedad de Alzheimer, ni tratarla permite afirmar que se vaya a evitar una demencia. La evidencia disponible muestra una asociación entre ambas condiciones y ha llevado a investigar hasta qué punto actuar sobre la audición podría tener implicaciones sobre la trayectoria cognitiva.

La Comisión de The Lancet sobre prevención, intervención y atención de la demencia incluye la pérdida auditiva entre los 14 factores de riesgo potencialmente modificables identificados a lo largo de la vida.

Más de 1.500 millones de personas

La dimensión del asunto aumenta al observar la prevalencia de la pérdida auditiva. La Organización Mundial de la Salud estima que más de 1.500 millones de personas viven actualmente con algún grado de pérdida auditiva y alrededor de 430 millones presentan una pérdida discapacitante que requiere rehabilitación.

La OMS calcula además que, de mantenerse las tendencias actuales, cerca de 2.500 millones de personas podrían presentar algún grado de pérdida auditiva en 2050, mientras que más de 700 millones necesitarían rehabilitación auditiva.

Es en este contexto donde la conexión entre audición y cerebro está adquiriendo una dimensión creciente dentro de la investigación.

Uno de los estudios longitudinales de referencia siguió durante casi doce años a más de 600 personas inicialmente libres de demencia y encontró una asociación entre el grado de pérdida auditiva y el riesgo posterior de desarrollar demencia. Investigaciones posteriores han continuado estudiando esa relación.

¿Qué puede explicar la relación?

No existe una única explicación y los investigadores trabajan con diferentes hipótesis. Una de ellas apunta al esfuerzo de escucha. Cuando la señal auditiva llega degradada, el cerebro necesita dedicar más recursos a interpretar la información sonora.

Otra posibilidad está relacionada con el aislamiento social. Las dificultades para mantener conversaciones pueden favorecer una reducción de la participación social, otro elemento relacionado con la salud cognitiva.

Una tercera hipótesis plantea que la reducción de la información auditiva puede implicar una menor estimulación sensorial a lo largo del tiempo.

También se estudia la posibilidad de que la pérdida auditiva y determinados procesos neurodegenerativos compartan mecanismos o causas comunes, sin que necesariamente uno sea consecuencia directa del otro.

“Durante años, hemos hablado de la pérdida auditiva casi exclusivamente en términos de volumen: oír más o menos. La ciencia plantea ahora otra pregunta: qué le pedimos al cerebro cuando deja de recibir toda la información sonora de su entorno”, explica Sergio Álvarez, audiólogo y manager de Formación de Oticon en España.

Álvarez subraya que se trata de “un terreno en el que audiología y neurociencia empiezan a encontrarse, y en el que todavía queda mucho por investigar”.

¿Y qué papel tienen los audífonos?

Aquí se encuentra uno de los grandes campos de investigación para la audiología. Las soluciones auditivas permiten mantener la comunicación y facilitar la participación en la vida cotidiana. La OMS incluye los audífonos entre las tecnologías disponibles para rehabilitar a las personas con pérdida auditiva y señala que una intervención temprana puede mitigar algunos de sus efectos.

La investigación también está estudiando si la intervención auditiva puede influir sobre el deterioro cognitivo, especialmente entre personas que presentan un mayor riesgo.

Oticon vincula esta línea de investigación con su filosofía BrainHearing, basada en que el procesamiento de la audición no termina en el oído, sino que requiere que el cerebro interprete la información sonora.

La compañía utiliza redes neuronales profundas en sus audífonos para procesar diferentes elementos de la escena acústica. Según Oticon, el objetivo es proporcionar al cerebro una representación más completa del entorno sonoro y reducir el esfuerzo necesario para escuchar.

Se trata, en cualquier caso, de diferenciar dos planos: la tecnología puede intervenir sobre la pérdida auditiva, pero eso no equivale a afirmar que un audífono prevenga el Alzheimer.

La audición entra en la conversación sobre envejecimiento

La investigación está cambiando así la forma de observar la pérdida auditiva. Ya no se estudia únicamente desde la capacidad de escuchar una conversación, sino también desde sus posibles relaciones con la participación social, el esfuerzo cognitivo y el envejecimiento cerebral.

La propia OMS señala que una pérdida auditiva no abordada puede repercutir sobre la comunicación, las relaciones interpersonales y la cognición.

Con más de 1.500 millones de personas afectadas en el mundo, la cuestión adquiere una dimensión sanitaria considerable.

El mensaje que emerge de la evidencia no es que tratar la audición evite el Alzheimer, sino uno más prudente y, al mismo tiempo, relevante para la audiología: la pérdida auditiva es uno de los factores potencialmente modificables que la ciencia ha situado dentro de la conversación sobre el riesgo de demencia y el envejecimiento cerebral.

Etiquetas: Alzheimer Oticon
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